La nutrición en cáncer debe tener un lugar relevante en las políticas de salud

Por Marc Abraham y Dr Was Mansoor, The Christie Hospital, Manchester, UK.

 

Este post es una traducción de un artículo publicado en Lillypad.eu.

Alimentación políticas

Los cánceres esófago-gástricos son muy agresivos y lamentablemente los resultados no son satisfactorios, ya que muchos pacientes no llegan en las condiciones necesarias para que puedan optar a las terapias óptimas. Mejorar la tasa de supervivencia es una prioridad fundamental y hay una gran necesidad por enfocarnos en el desarrollo de nuevas terapias que nos permitan alcanzar este objetivo. Sin embargo, mantener la calidad de vida es fundamental en una enfermedad que puede tener graves consecuencias físicas y nutricionales. La nutrición está en el centro del debate de la prevención del cáncer, pero raramente se le otorga el valor adecuado cuando se habla de los resultados del tratamiento. Educar sobre sus beneficios debe formar parte de las guías y políticas sanitarias para mejorar los resultados que conseguimos en los pacientes, modificando la relevancia que el sistema de salud le otorga actualmente.

Se presta poca atención a los pacientes con enfermedad avanzada o metastásica de tumores esófago-gástricos. Analizando la consulta en la clínica desde la perspectiva de los pacientes, es común escuchar las palabras “atrofia muscular” entre pacientes y profesionales de la salud. Esta es una enfermedad que encarna perfectamente los devastadores efectos de la malnutrición. Las pruebas y evaluaciones de nutrición son, a menudo, ignoradas por los médicos, quizás debido a una evaluación metodológica y de reporte que no es sistemática, no siempre son entendidas por los profesionales sanitarios y a las que por tanto no se les da prioridad.

Como consecuencia, en el mundo real, la gestión de la nutrición se trabaja de forma reactiva, a menudo tras una catastrófica pérdida de peso que puede ser difícil de revertir. Como resultado, muchos tratamientos basados en la nutrición llegan muy tarde para tener un impacto clínico. Para cambiar esto, debemos crear un entorno favorable a políticas que faciliten un enfoque de todas las partes interesadas.

Hay un interés creciente en cómo la calidad de vida influye en la supervivencia en cánceres esófago-gástricos avanzados y metastásicos. Durante el pasado Congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica de 2018 en el simposio “Maximización de los resultados pacientes a través de la toma de decisiones basadas en la evidencia en cáncer esófago-gástrico avanzado” se destacó que la pronta identificación de sarcopenia (baja masa muscular) y anorexia (reducción del apetito) antes de empezar la quimioterapia; y pérdida de peso durante la quimioterapia son indicadores de menor supervivencia. Se ha demostrado que el índice de masa corporal es menos útil para predecir resultados clínicos en pacientes que reciben quimioterapia paliativa.

A pesar de que la anorexia en pacientes de cáncer está ampliamente documentada en la literatura clínica, identificar pacientes en riesgo sigue siendo un reto debido a la naturaleza subjetiva con la que se describen sus síntomas. Se requiere más investigación para entender la relación entre la anorexia, la pérdida de peso y la atrofia muscular.

El cáncer esófago-gástrico avanzado y metastásico es incurable, pero tratable, y debemos poner énfasis en mejorar la calidad de vida de los pacientes. La evaluación nutricional y su seguimiento son fundamentales para identificar factores potencialmente reversibles que puedan afectar a la idoneidad de los pacientes para recibir quimioterapia y, en última instancia, mejorar su supervivencia. El camino a recorrer pasa por revisar cómo evaluamos a nuestros pacientes usando una metodología que se vincule con la supervivencia en lugar de con estándares ligados al peso y al índice de masa corporal.

En este sentido, podemos considerar un enfoque más proactivo en la “preservación” del paciente al inicio de la quimioterapia si es más probable que mejoremos los resultados clínicos. Ningún profesional sanitario en solitario puede conseguir este objetivo, y juntar oncólogos, nutricionistas, enfermeras, pacientes y sus familias o cuidadores para enfrentarse a uno de nuestros mayores retos del cáncer esófago-gástrico solo puede ser positivo.

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