Síntomas de la artritis. Compartirlos con los médicos puede ayudar

Cada día, un elevado porcentaje de las personas que tienen artritis reumatoide –incluso aquellas que tienen un tratamiento adecuado para su enfermedad- se enfrentan a síntomas como  dolor, rigidez (especialmente matutina) y tumefacción de las articulaciones. A estas molestias, se suman otros síntomas como cansancio o fatiga. Todo esto dificulta la realización de tareas cotidianas como tomarse un café, hacer la cama o salir a dar un paseo, que se vuelven obstáculos que parecen insalvables.

Cuando se sufre un brote por la artritis reumatoide, se produce un dolor tan intenso, que cuando cede y se transforma en un “dolor de fondo constante” resulta fácil normalizarlo o interiorizarlo como parte de las secuelas de la enfermedad. De alguna manera, esto es lo que le ocurre a Ana, la protagonista del vídeo, que ha asumido estas consecuencias y ha adaptado su día a día hasta el punto de decir que se encuentra bien. Es una situación frecuente ante una enfermedad crónica como esta: los síntomas “diarios” se aceptan como propios de la enfermedad y casi irremediablemente se cae en la dinámica de no contarlos.

La importancia de la comunicación médico-paciente y de personalizar el tratamiento

La comunicación médico-paciente es uno de los pilares fundamentales en el tratamiento de todas las enfermedades. Esto establece un vínculo que permitirá personalizar la atención en base a las necesidades de cada paciente.

En este caso, estamos hablando de una patología muy compleja, con una afectación articular y extra-articular muy variada, de larga evolución, muy agresiva y, si no se aborda adecuadamente incapacitante. Por este motivo, desde las guías de práctica clínica se establecen estrategias ambiciosas desde el comienzo de la enfermedad, de forma que se busque desde el principio objetivos de remisión clínica o, por lo menos, de alcanzar un estado de baja actividad de la patología.

En este contexto, la práctica clínica busca como objetivo último frenar el avance de la enfermedad cuanto antes, evitando que evolucione hacia la discapacidad. Y por el camino, reducir la inflamación, detener o retrasar el daño articular, mejorar las funciones, aliviar el dolor y lograr el bienestar del paciente.

Para ello, el especialista elige un tratamiento teniendo en cuenta la situación actual y los antecedentes de cada paciente, llevando a cabo un seguimiento muy cercano de la enfermedad y estudiando su evolución para modificar, si es necesario, el plan terapéutico de acuerdo con los resultados. Y por eso es imprescindible compartir con el médico todos los síntomas que van apareciendo y cómo nos sentimos.

Sólo así será verdaderamente consciente de cómo nos afecta la artritis reumatoide y podrá adaptar mejor el abordaje terapéutico.