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Identificación de los tumores, personalización de los tratamientos contra el cáncer y colaboración entre entidades

María José LallenaLa firma invitada de hoy es María José Lallena, directora de Biología Cuantitativa del Laboratorio de Bioquímica y Biología Celular de Alcobendas (Madrid), Lilly y embajadora de #WeWontRest. Este artículo ha sido publicado originalmente en Lillypad.eu.

Trabajo en el centro de I+D de Lilly en Alcobendas (Madrid), junto con otros cien científicos. Una gran mayoría de nosotros, incluida yo, trabajamos en oncología. Si bien el cáncer continúa causando tanto sufrimiento y dolor, puede parecer sorprendente decir esto, pero, así lo creo: Estamos en el camino correcto. Hoy sabemos que el 83% del aumento de la esperanza de vida se puede atribuir a nuevos tratamientos, incluidos los medicamentos. De hecho, los pacientes europeos diagnosticados de cáncer en 2012 ya han conseguido aumentar su supervivencia (en 66.000 personas 5 años después del diagnóstico) respecto a los pacientes que habían sido identificados diez años antes.

Pero hay mucho más por recorrer, y ciertamente no por falta de intentos. Nuestra industria invierte enormes sumas para la investigación; y mis colegas y yo, tanto en Lilly como en centros de investigación (en otros lugares), estamos totalmente comprometidos con la búsqueda de una cura. Solo en España invertimos más de 50 millones de euros anuales en I+D, y estamos promoviendo el desarrollo de 73 ensayos clínicos con 1.900 pacientes. Pero es un proceso lento. El descubrimiento y desarrollo de un nuevo medicamento precisa de entre 10 y 15 años (desde la autorización preclínica hasta la comercialización), y solo el 1-2% de cada 10.000 sustancias sintetizadas en un laboratorio pasarán por todas las etapas del proceso hasta convertirse en una opción terapéutica real y disponible para los pacientes.

Entonces, ¿cómo acelerar la innovación en oncología? ¿Cómo podemos reducir la tasa de mortalidad por cáncer a un ritmo más rápido de lo que hemos hecho hasta ahora?

Creo que la solución radica en el descubrimiento de nuevos e innovadores mecanismos de acción, y en particular, en una orientación y personalización más dirigida. Y, lo que es más importante, de la forma en que las personas y las entidades colaboran para innovar.

El tratamiento del cáncer ha sufrido un importante cambio de paradigma en los últimos años. A partir de fármacos citotóxicos no selectivos que atacan las células tumorales (pero que también dañan las células sanas y desencadenan efectos secundarios que reducen la calidad de vida), estamos cambiando hacia nuevos agentes que se dirigen a células específicas sin afectar a las células sanas. Los anticuerpos específicos conforman un ejemplo de este tipo de tratamientos. En Alcobendas, mis compañeros y yo centramos gran parte de nuestra investigación en el desarrollo de medicamentos mejor orientados contra el cáncer, más personalizados.

A pesar de los avances en investigación, todavía queda mucho por hacer antes de que consigamos una comprensión lo suficientemente profunda de los diferentes tipos de tumores para poder superarlos. En los últimos años, se han logrado grandes avances tanto por parte de organismos públicos como es el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), como por parte de entidades privadas, como Lilly. Ahora sabemos que el cáncer no es una enfermedad única, sino muchas enfermedades, y que hay rasgos únicos específicos en cada paciente que hacen de su tumor algo único.

Este hallazgo requiere el desarrollo de una medicina personalizada, que creo que representa el futuro y la mayor esperanza en la lucha contra el cáncer. Un paciente desarrolla cierto tipo de cáncer porque parte de su genoma ha sido alterado específicamente. Comprender por qué sucede esto y usar este conocimiento para detener el cáncer es nuestro objetivo fundamental. ¿Pero cómo podemos llegar a desarrollar medicina personalizada? Es un desafío realmente formidable. Para mí, la clave se encuentra en que los investigadores en oncología compartan más datos, y lo hagan de manera eficiente durante las primeras fases del desarrollo de fármacos.

Pero para llegar al punto en que podamos ofrecer un tratamiento específico a cada paciente, no podemos trabajar aislados. Y esto nos lleva al factor de éxito clave que mencioné anteriormente: mientras que empresas privadas como Lilly tienen mucho que ofrecer desde una perspectiva de I+D, otros organismos resultan igualmente esenciales. De hecho, creo que el "triángulo" perfecto para abordar el desafío comprende los centros públicos de investigación (academia), los hospitales en los que se lleva a cabo la investigación clínica, y la industria.

Y, de hecho, existen grandes alianzas público-privadas que combinan la experiencia de las organizaciones públicas de investigación y la I+D, y las capacidades productivas de la industria farmacéutica. OncoTrack es uno de esos ejemplos. Financiado por la Iniciativa de Medicamentos Innovadores (IMI) de la Unión Europea, se trata de una asociación público-privada entre la Comisión Europea, los centros hospitalarios y la industria farmacéutica (incluido nuestro centro de I+D de Alcobendas). Su objetivo, identificar y establecer nuevas técnicas de detección para compuestos prometedores de forma más rápida y efectiva, lo que será de gran ayuda en la práctica de la oncología. Si bien todavía queda mucho recorrido, este tipo de alianzas constituyen, sin duda, nuestra mejor apuesta si queremos ganar la lucha contra el cáncer.

¿Te has fijado en el nombre de la firma invitada? LillyPad se enorgullece de acoger en nuestro blog a una diversidad y variedad de autores invitados y nos comprometemos a ofrecer diferentes puntos de vista. Sin embargo, ten en cuenta que las opiniones compartidas en este post pertenecen a su autor y no necesariamente son compartidas por Lilly.