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Innovación biomédica: mantener a Europa en la carrera

Post original publicado en Lillypad.eu por Doris Schernhammer.

Esta noche me he vuelto a cortar la mano con un cuchillo mientras preparaba la cena. Ha dolido, pero sabía que no iba a morirme. La cuestión es que ese resultado, hace muchos años… podría haber tenido lugar.

Gracias a los descubrimientos de científicos (muchos de ellos europeos) pude desinfectar mi corte con crema antibacteriana, ponerme una tirita y continuar disfrutando de mi cena.

Las mentes brillantes que descubrieron los antibacterianos (y similares) realizaron importantes avances en un momento en que las enfermedades infecciosas mataban a millones de personas. Sus descubrimientos supusieron un hito importante para la salud pública.

Hoy nos enfrentamos a diferentes desafíos

Las enfermedades no contagiosas (NCD, en sus siglas en inglés) como el cáncer, la diabetes, la demencia y las afecciones cardiovasculares, son responsables de 40 millones de muertes cada año en todo el mundo. Estas patologías, además, se ven exacerbadas por fenómenos actuales como el sedentarismo y el envejecimiento de la población.

Pero la naturaleza de estas enfermedades, la falta de comprensión científico sobre su origen y desarrollo y el hecho de que hayamos agotado tantas vías de investigación, significa que los nuevos descubrimientos exigen de una complejidad abrumadora. Probablemente, los próximos avances vengan de áreas como la terapia génica o la medicina personalizada.

Durante 142 años, los científicos de Lilly han estado trabajando para conseguir avances importantes en cáncer, diabetes y neurología. Gran parte de nuestra investigación se ha llevado a cabo en Europa desde que abrimos nuestras primeras instalaciones aquí en 1934.

Trabajamos intentando descubrir los secretos de las enfermedades poco estudiadas con necesidades médicas que aún no han sido satisfechas, porque siempre hemos creído que todas las personas tienen derecho a una vida saludable. Se trata de todo un desafío.

Y hoy, estamos aún más preocupados por el futuro de la ciencia en Europa.

Aquí los investigadores están luchando contra algo más que enfermedades. A medida que la ciencia se vuelve más compleja, la tasa de éxito de los medicamentos que salen de la fase 1 para su lanzamiento disminuye. El entorno operativo para la investigación biomédica se ha vuelto más desafiante. Las pruebas obligatorias son, con razón, más largas que nunca, lo que implica muchos más criterios, protocolos y requisitos de informes. Esto hace que innovar sea más difícil.

Mientras tanto, otros países no europeos siguen avanzando. La competencia por la infraestructura y habilidades de I+D es cada vez más global, lo que exige que los países deben demostrar cada vez más que son un destino atractivo para la inversión. Pero Estados Unidos está constantemente superando a Europa en I + D médica: entre 2014-2015, hubo un aumento del 6% en capital recaudado por empresas europeas, en comparación con un aumento del 35% en capital recaudado por empresas estadounidenses. Y países como Corea del Sur y China están emergiendo como potencias de I + D en la investigación biomédica.

Se espera que la industria biofarmacéutica invierta cerca de 900 mil millones de euros a nivel mundial en I + D entre 2015 y 2020. La inversión que se destine a Europa depende de las decisiones que los políticos europeos están tomando en este momento. El tema central del debate radica en los derechos e incentivos de la propiedad intelectual (PI) en Europa. Un marco de incentivos PI fuerte y predecible ha sido clave para construir el legado increíble de Europa en investigación e innovación biomédica. Ha permitido que surjan avances de los laboratorios de Europa.

El debilitamiento de este marco europeo pone en peligro el orgulloso legado de Europa. Podría tener consecuencias devastadoras para los pacientes que esperan una cura, para una oportunidad de una vida mejor. ¿Entonces, qué necesitamos? Europa debería trabajar para fortalecer y no socavar su legado en investigación e innovación biomédica. Es la única manera de que el trabajo de salvar vidas continúe en Europa en un mundo donde la investigación científica y el negocio de la innovación son más desafiantes que nunca. Desmantelar el marco de propiedad intelectual de la salud en Europa no debería ser una opción. Eso sería como cortar la mano derecha de Europa... con un cuchillo sucio... en 1818.

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