¿Qué podemos hacer nosotros?

En 2015, las Naciones Unidas establecieron 17 objetivos para el desarrollo que deben cumplirse en un plazo de 15 años con la intención de ayudar a las economías más desfavorecidas a prosperar, proteger los ecosistemas de la acción del hombre y preservar los derechos fundamentales de las personas, no importa el rincón del mundo en el que vivan. Aunque pueda parecer simplista, resumir tanto en tan sólo 17 puntos, cada uno de estos objetivos es complejo, e implica una serie de metas específicas que debemos ir alcanzando para poco a poco cumplir con ellos.

Definir qué debemos conseguir para lograr un mundo mejor ha sido sólo el principio del proceso, y ahora queda lo más duro. Una labor mastodóntica en la que tienen su papel instituciones, el sector privado y la sociedad en general. Todos podemos hacer algo. Las empresas, gracias a su capital humano y los medios de los que disponen, poseen la capacidad de lograr grandes cosas y transformar la realidad en la que vivimos.

Sin embargo, es importante que cada compañía adecue sus políticas de RSE a sus recursos, características y alcance. Pero, sobre todo, que se enfoque en aquello que sabe hacer mejor.  Su desarrollo como empresa implica también la profundización en determinados conocimientos, investigación e innovación. Implica estar a la vanguardia de aquello a lo que se dedica. Y es su responsabilidad que ese desarrollo, esos avances, toda esa sabiduría, y los profesionales que lo aplican en su día a día, contribuyan a que mejoremos el planeta.

Los objetivos para el desarrollo son diversos y abarcan una gran pluralidad de temáticas: educación, sostenibilidad, igualdad, desarrollo industrial... Para equilibrar las desigualdades que existen en estos ámbitos se puede actuar en diferentes frentes dentro de cada sector empresarial, ya sea introduciendo políticas que minimicen el impacto de su actividad, además de promoviendo proyectos de acción social. Pero siempre utilizando su especialización y su campo de actuación para incidir en aquello en lo que más pueden aportar y construir.

En el sector farmacéutico contamos con grandes profesionales cuya labor diaria es mejorar la calidad de vida de las personas, sobre todo de aquellas que conviven con enfermedades y sus familiares. Por este motivo, en estas empresas tenemos una gran oportunidad para que el desarrollo de nuestra actividad impacte de forma positiva en la sociedad. Nuestros profesionales conocen muy bien todos los aspectos relativos a la enfermedad y su tratamiento. Contar con su conocimiento nos ayudará a establecer políticas de RSE y desarrollar programas que contribuyan a mejorar la salud en nuestro planeta.  Así, entre todos, podremos alcanzar el Objetivo número 3 de Naciones Unidas:  Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades.