Mujer y Ciencia

Belén YusteLa firma invitada de hoy es Belén Yuste, Técnico de Anatomía Patológica del Hospital Universitario 12 de Octubre y Comisaria del homenaje español a María Sklodowska-Curie.

 A lo largo de la historia el binomio mujer-ciencia no ha sido fácil de conjugar. En primer lugar, porque durante mucho tiempo la mujer no tenía acceso a la educación y mucho menos a la universitaria. La vocación científica femenina chocaba con un muro invisible e inexpugnable que un puñado de mujeres comenzaron a socavar a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Entre ellas destaca la científica polaco-francesa María Sklodowska-Curie, pionera en alcanzar muchas metas en un mundo dominado por varones: licenciarse en Ciencias Físicas en la Sorbona, recibir el Premio Nobel, impartir clases en la Sorbona, ser catedrática, académica, doctora honoris causa por numerosas universidades y un sin fin de primeras veces que culminaron en 1995, cuando sus restos mortales fueron solemnemente inhumados en el Panteón de Hombres Ilustres de Francia.

 Su camino a la cima científica no fue sencillo, estuvo jalonado de obstáculos, pero también tuvo grandes apoyos desde la cuna. Sus padres eran personas cultas que, a pesar de su maltrecha economía, potenciaron una sólida formación para sus hijos. Polonia cerraba las puertas de sus universidades a las mujeres, y tanto ella como su hermana Bronia, soñaban con estudiar en la Sorbona. María la propuso un pacto: trabajaría como institutriz para ayudarla y luego ella posibilitaría sus estudios en París. Así fue como las dos alcanzaron su anhelo: Bronia se licenció en Medicina y María en Físicas y Matemáticas.

 Conseguida la doble licenciatura, pensaba regresar a su patria para dar clases en un liceo y formar parte del arriesgado grupo de profesores de la universidad clandestina en la que se ella había formado y que mantenía vivo el espíritu nacional polaco. Pero ese destino se truncó al conocer a Pierre Curie, ya eminente científico, que cambiaría su apellido y el rumbo de su vida, y, sobre todo, impulsó su plena dedicación a la ciencia. Cuando nacieron sus dos hijas, fue la inestimable y siempre reconocida ayuda de su suegro, que se ocupó de ellas, lo que le permitió mantener su duro ritmo de trabajo.

 Muchos científicos recelaban de la joven polaca y achacaban todo el mérito a su excelso marido. En 1906 su trágica muerte la puso en la dura tesitura de demostrar al mundo su propia valía. Sucedió a Pierre -con quien había compartido en Nobel en 1903-, en la cátedra de la Sorbona y, en 1910, logró aislar radio puro recibiendo el Premio Nobel de Química en solitario, en 1911.

Hasta su muerte dirigió el Instituto del Radio de París, donde siempre tuvo un alto número de científicas, tanto en plantilla como realizando doctorados o intercambios con otros centros extranjeros. Allí se formó Marguerite Perey, descubridora del francio, que alcanzó la meta que no lograron ni María ni su hija Irène –también Premio Nobel de Química en 1935-: entrar en la Academia de Ciencias francesa en 1962.

 Hoy en día el muro invisible ha caído, derribado por el esfuerzo de muchas mujeres, pero aún quedan resquicios, piedras en el camino de la mujer, no para acceder a la ciencia, sino para mantener una carrera dedicada a la investigación y, si es exitosa, coronarla con los premios y los cargos de responsabilidad que en los varones suelen ir aparejados. En definitiva, cayó el muro, pero aún queda el techo de cristal.

 Como defiende Hélène Langevin-Joliot, eminente física nuclear -nieta de Pierre y Marie Curie e hija de Irène y Frédéric Joliot-Curie-, no habrá verdadera igualdad hasta que las mujeres ingresen en las academias y lleguen a los altos cargos por los mismos méritos que los hombres, y no por absoluta excepcionalidad.

 

¿Te has fijado en el nombre de la firma invitada? LillyPad se enorgullece de acoger en nuestro blog a una diversidad y variedad de autores invitados y nos comprometemos a ofrecer diferentes puntos de vista. Sin embargo, ten en cuenta que las opiniones compartidas en este post pertenecen a su autor y no necesariamente son compartidas por Lilly.