Connecting hearts abroad: la increíble experiencia de ayudar

Un gran ejemplo de todo lo que se puede conseguir gracias al voluntariado corporativo es Connecting Hearts Abroad, un programa con el que cada año 100 empleados de todas nuestras sedes del mundo viajan a comunidades que, a menudo, carecen de recursos básicos, como la asistencia sanitaria. Desde 2011, año en el que el proyecto se puso en marcha, cerca de 800 trabajadores han invertido 56.000 horas para servir a estas comunidades. Paloma Moreno viajó a México gracias a este programa y nos ha transmitido su experiencia:

 Connecting Hearts Abroad (CHA) no ha sido mi primera experiencia de voluntariado. Desde pequeña me ha gustado ayudar, hace que me sienta bien. Además de participar en diferentes centros u organizaciones en Madrid, en 2011 tuve la oportunidad de estar 4 meses en el sur de la India, ayudando en un hospital y un orfanato, una experiencia increíble. Por eso, en cuanto cumplí los requisitos para apuntarme al programa CHA no lo dudé ni un segundo, me apunté y esta vez sí, decidí elegir proyectos en Latinoamérica o países de habla hispana.

 Mi destino fue México, una población de 127 millones de personas que, según la Organización Mundial de la Salud, registra el mayor número de fallecimientos por diabetes de Latinoamérica (cuarta causa de muerte en el país). El proyecto consistía en analizar y proponer mejoras para la prevención, detección, manejo y seguimiento de la diabetes gestacional (DG) en las clínicas de atención primaria de salud en México. Participamos 6 personas de Lilly (¡todo mujeres!), entre las que había endocrinólogas, farmacéuticas y educadoras en diabetes. En concreto yo iba en calidad de farmacéutica y Black Belt (mejora continua).

 Anécdotas tengo muchísimas, fueron 2 semanas de una intensidad brutal. Hubo momentos de todos los colores: alegres, tristes, duros, divertidos…pero destacaría el día que visitamos el Centro de Salud Dr. Rafael Ramírez Suárez localizado en la delegación de Gustavo A. Madero, considerada de las más peligrosas de la ciudad de México. Tuvimos la oportunidad de asistir a una clase de parto para hacer preguntas sobre DG. Llegamos a una pregunta concreta, muy simple: ¿De cuánto estabas cuando te enteraste que estabas embarazada?. Me habría imaginado 5 semanas, 8 semanas o como mucho 12 semanas….pero una de las mujeres que iba sola contestó: 7 meses. Un silencio invadió la sala, saltamos a otra pregunta para tratar de quitarle importancia pero la mujer rompió a llorar, quizá no supiese cuantas colaciones tenía que hacer al día, pero reconocía que durante siete meses no había sido consciente de la presencia de su hijo y con los cuidados que ello conlleva…

 Esta experiencia me ha aportado mucho, muchísimo. Siempre estaré en deuda con todos los profesionales sanitarios con los que interaccionamos, la dedicación y compromiso que nos demostraron por mejorar la situación de su país fue envidiable. En dos semana no me he convertido en una experta en diabetes, ni mucho menos, pero desde luego que sé más sobre la enfermedad. También he tenido la oportunidad de conocer un país en el que no había estado, parte de su cultura, gastronomía y sus gentes, no tengo más que palabras de agradecimiento porque nos hicieron sentir como en casa.

 A nivel profesional me llevo una referencia más a mi lista de “personas a las que me gustaría parecerme“. Conocimos a una educadora en diabetes que debajo del pijama blanco no me extrañaría que llevase un disfraz de superhéroe, seguramente se llamaría “la mujer con voluntad de hierro”. A parte de enseñarnos muchísimo sobre la diabetes y haber diseñado e implementado protocolos de diagnóstico y manejo de la DG, su ilusión, cariño, humildad y profesionalidad son incomparables.  Nos demostró que QUERER ES PODER. Y nos dejó grabado con fuego que “la educación en diabetes no es parte del tratamiento, es el tratamiento” (frase del Dr. Elliot P. Joslin).

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