Consejos para educar niños con diabetes

Educar un niño con diabetes no es fácil. Aunque con la ayuda de expertos como Olga Sanz (www.olgasanzpsicologia.es), parece sencillo. En este artículo continuamos con los consejos que nos ofreció en la Diabetes Cup 2019 la psicóloga experta en diabetes, con algunas de las claves que pueden ayudar a las familias.

¿Cómo se siente un niño con diabetes?

Entender cómo se sienten los niños con diabetes, pasar también por ponernos al nivel de su edad y comprensión del mundo. En este sentido, la edad a la que se enfrenten a esta situación influye mucho en su vivencia y aceptación.

De este modo, cuando debutan entre los 7-9 años lo suelen percibir como una novedad. Es una enfermedad que no les causa dolor y que hace que todo el mundo esté pendiente de ellos. Casi, incluso, pueden considerarlo algo atractivo.

Si el diagnóstico se produce entre los 10 y 12 años, el niño es más consciente de lo que sucede y puede comprender que algo no va todo lo bien que debería en su cuerpo. Esto les puede hacer sentir diferentes del resto del grupo, marginarles y dañar la imagen que tienen de ellos mismos. Esta percepción les puede generar inseguridad o incluso causar miedo, especialmente si se han enfrentado a una hipoglucemia grave.

Pero, con independencia de la edad, lo que más influye en la percepción de los niños es la reacción de sus padres o de su familia más directa. Si somos un resorte que se acciona en cuanto el menor parpadea, percibirá que hay un estado de alerta al que hay que responder. Si, por el contrario, actuamos con calma y naturalidad, le estaremos ayudando a transmitir tranquilidad y estaremos contribuyendo a darle una vida lo más normal posible.

 

Organizarse y gestionar el miedo

La diabetes cursa con altibajos de glucemia que pueden llegar a hiperglucemias e hipoglucemias. Por ello es fundamental reconocer estos síntomas y saber actuar en cada momento. Sin embargo, aunque existan estos peligros, es importante ajustar el miedo a la realidad y no dramatizar.

Esta enfermedad nos enseña que no se puede tener absolutamente todo bajo control. Simplemente requiere de una mayor organización y estar preparado ante los imprevistos que puedan surgir. Cometeremos errores, que seguramente serán asumibles. Nuestro objetivo debe ser hacerlo cada vez mejor y aprender a convivir con la diabetes sin que ésta sea impedimento de disfrutar de una vida plena. Con el tiempo, veremos ejemplos de superación, de los que aprenderemos que con la diabetes se puede hacer todo.

 

La diabetes en la familia

Cuando la diabetes afecta a uno de nuestros hijos, llega para implicar a toda la familia. Cuando tenemos más de un hijo o hija, debemos estar vigilantes a cómo se siente el niño sin diabetes. Podemos buscar su implicación para que contribuya en el cuidado, pero pensemos que en ocasiones pueden sentirse relegados o desplazados y creer que sus padres están dando una atención injustificada a su hermano/a. Busca el modo de darle su papel protagonista en el cuidado de su hermano/a, atendiendo siempre a que la vida abarca muchas más esferas que la diabetes.

Además, en ocasiones necesitaremos ayuda de la familia para que se ocupen de los niños (por trabajo, por ocio). Por ello, es muy importante que toda la familia entienda qué es la diabetes, cómo cursa y cómo hay que manejarla. Para conseguir su apoyo, la mejor manera, generalmente, pasa mediante el ejemplo de cómo lo gestionamos, evitando expresiones que puedan trasladar el mensaje de una sobrecarga inhumana. Si logramos trasladar un enfoque positivo, es más probable que el resto de la familia se implique y el niño crezca más feliz.

 

Autonomía e independencia

Tratándose de niños (y nuestros hijos) con una enfermedad crónica que requiere un manejo complejo, es inevitable caer en la sobreprotección. Pero debemos superarlo. Debemos fomentar poco a poco la autonomía del niño: el menor ganará en independencia y nosotros, en tranquilidad. Sin embargo, esta autonomía no se consigue de un día para otro, sino que hay que debemos “entrenarle” para que pueda cuidarse solo, con nuestra supervisión, para conseguir adultos independientes.

Por otro lado, los niños no dejan de ser niños y querrán hacer lo que hacen otros niños de su edad. Como padres, debemos dejarles hacer y trabajar nuestros miedos en lugar de trasladárselos. Para ello, la recomendación, en este caso a los adultos, es que ejerciten una cierta tolerancia a la incertidumbre.

 

Poner objetivos

Para conseguir esta autonomía por parte de los niños es importante que nos marquemos unos objetivos terapéuticos que queramos cumplir.

Y con objeto de no frustrarnos o abandonar en esta búsqueda, deberemos clasificarlos por importancia. No todos los objetivos son igual de importantes: los hay vitales, los hay muy importantes, los hay importantes y los hay triviales. Y esta clasificación también debe reflejarse cuando hablamos de su consecución o no. No podemos reñir del mismo modo por no lograr un objetivo muy importante que por uno trivial, ya que si todo lo ponemos al mismo nivel, el menor puede acabar confundido y sentirse sobrecargado o desarrollar cierta apatía por su cuidado.

Estas son las primeras recomendaciones, extraídos de la ponencia de Olga Sanz en la Diabetes Cup. Seguid atentos; en unos días publicaremos el siguiente artículo con sus últimos consejos.